EXPOSICIÓNES ACTUALES


dibujando el aire

Exposición en el hotel EUROSTARS CENTRAL en Madrid

Obra en papel de la serie En el laberinto sin hilo y esculturas móviles de la serie Dibujar el aire 

 CATÁLOGO DIBUJAR EL AIRE 




LABERINTOS

CATÁLOGO DE LABERINTOS

Exposición en la librería La Milan de Alpedrete

impresiones digitales sobre papel vegetal, y latón



TEXTO DE ALBERTO CUBERO 


La madeja parece estar al fondo, tras la ola de conexiones que simulan un cierto

orden.


En el fondo y en el frente, la madeja. En el envés y en el revés. La nervadura y quien

la contempla, interpretando lo que no se ve. Alternancia entre planos que se cruzan,

forjando puntiagudas direcciones y ventanas abiertas hacia las sombras.


Dice verdad quien dice sombra, Celan dixit.


Hay laberintos, sí, pero con salida a través de grietas disimuladas entre los nudos, en

el afuera del adentro. Nudos físicos e imaginarios, espacios de deslizamiento en los

que crecen quienes se reinventan. Hay espectros que trepan incansablemente por

las entrañas de la luz, que se constituye, entonces, en espejo donde se proyectan

quienes creemos no ser.


Nada sabemos del mundo, esa veladura que babea destellos. Nada. Eso rumiamos,

sentados sobre el fi lo del que no se regresa o paseando sobre las líneas que imantan

los óxidos. Ahí están, ahí estamos –al fi n y al cabo, somos la misma cuerda tensada-,

esperando la metamorfosis de los vacíos, la inflexión de los puntos incardinados.


Bloques que se mueven, imperceptiblemente, del páramo metálico a las fi guras que

deambulan por la periferia del imaginario, de la bocanada de aire a la contracción

de las superficies. A pesar de todo, queda un leve mar en un horizonte plagado de

oblicuidades.


¿Entonces hay esperanza?


Acaso en las improntas de los ojos sobre los estratos que se superponen, en esa

alegoría que son las manos palpando las oquedades.


En el fondo y en el frente, la palabra hecha materia o la fisicidad proponiendo lo que

no se puede decir: silencio del verbo, apertura hacia lo inhóspito.


Alberto Cubero